GESTIÓN PÚBLICA Y GESTIÓN PRIVADA
Una y otra vez se repite las consignas de “sobran funcionarios” y “la gestión privada es más eficaz”… Llevamos años, demasiados, oyéndolas hasta que han ido calando en amplios sectores de la sociedad. Desprestigiar a la función pública es la estrategia preferida por aquellos que quieren sacar jugosos beneficios del gigantesco pastel que supone la extensa población beneficiaria de la salud y la educación, los dos pilares de cualquier sociedad que se precie.
Y sí, la gestión privada puede que sea más eficaz… pero sólo para aquéllos que puedan pagarla y sí, también es más eficaz para lucrarse sin tener que dar cuentas a nadie ya que, todo el mundo sabe, que la gestión privada en cualquier ámbito tiene como fin el afán de lucro por encima de cualquier otra consideración. El coste del servicio cuando la gestión está en manos privadas es el resultado de añadir el propio, generado de la realización del servicio de que se trate, más el beneficio que se quiera obtener de manera que siempre saldrá más caro… no puede ser de otra forma. Y además, cualquier servicio podrá dejar de prestarse si el coste no permite generar el beneficio estimado. Esta es la principal diferencia entre la gestión pública y privada. El Estado como gestor público tiene que garantizar los servicios básicos a todos los ciudadanos incluso si el coste es grande. ¿Por qué? Porque se trata de garantizar un mínimo para todos los ciudadanos independientemente de su nivel de ingresos. Quien quiera y pueda puede complementar (que no sustituir) el seguro público al privado. A todos, a través de nuestras nóminas, se nos descuenta por diferentes conceptos para que, en caso de necesidad (desempleo, enfermedad…), podamos tener cierta cobertura social. Incluso, en salarios bastante modestos, los descuentos no suelen ser una menudencia… son importantes y lo son, durante toda la vida laboral de cada persona. Esto quiere decir que, a través de esos importantes descuentos, se ha venido atendiendo una problemática social de las clases más vulnerables que son, normalmente, la gran mayoría de la sociedad que, por cierto, sí es “silenciosa” porque no se le quiere dar voz. Como estamos hartos de comprobar, el hecho de que a esa mayoría “silenciosa” se le permita votar cada cuatro años es realmente un cheque en blanco… y lo ha sido desde siempre, puesto que las iniciativas legislativas no se llevan a efecto si los “poderes” no lo permiten. Una democracia así es un engaño, una estafa de primer orden… especialmente cuando está en juego la calidad de vida, tan difícilmente conquistada, de tantísimas personas.
Pero, en fin, lo privado es mejor que lo público seguramente porque quienes lo defienden son aquellos que pueden pagarlo ampliamente y también aquellos que, sin pudor alguno, se beneficiarán de dicha gestión. Al resto de mortales sólo nos queda la beneficencia y, cada día, más personas son excluidas de ella.
Dentro de esa política de ensalzamiento de lo privado frente a lo público podamos encuadrar el menosprecio que supone la constante humillación del funcionario… parece ser que los miembros de la clase política no se consideran también funcionarios… Por otra parte, tampoco entiendo la búsqueda hasta la extenuación de conseguir un cargo público si lo privado siempre es mejor. Si no se cree en la gestión pública, ¿qué demonios hacen los políticos de turno gestionando lo público? Harían mucho mejor ganando dinero en sus actividades privadas, que no pocos también compatibilizan (a pesar de la ley de incompatibilidades)… Claro que si se tiene una gran ambición es necesario estar en la cresta de la ola pública para, como decía más arriba, robar recursos de todos los ciudadanos para proporcionárselos a aquéllos que puedan pagarlos. Vistas así las cosas. ¿Quiénes son los que sobran? ¿Los funcionarios, muchos de los cuales son mileuristas? O, ¿aquellos otros funcionarios que nunca han podido vivir por encima de sus posibilidades ya que tienen un sueldo congelado desde ni se sabe cuándo?
Pero, sí, estoy de acuerdo, sobran multitud de funcionarios… muchísimos asesores que cobran lo que no se merecen, altos cargos políticos y puestos de libre designación en todas las Administraciones públicas cuya única función parece ser la búsqueda de formas cada vez más renovadas de escaqueo… para que los funcionarios de mucho menor nivel y sueldo realicen y se responsabilicen de un trabajo por el que no se les paga pero eso sí se les culpabilice si las cosas no marchan como se espera… porque es importante no molestar al jefe con asuntos “triviales” de trabajo. Esos cargos que, desgraciadamente, han proliferado mucho son los grandes zánganos de la Administración… son una auténtica sangría que nadie se ha tomado la molestia de cortar ya que, quienes podrían haberlo hecho son los mismos que se han venido beneficiando. Al igual que, con los precios de las viviendas que llevaban inflados ni se sabe desde cuándo, los salarios de estos malos “profesionales” también lo han estado.
En lugar de dotar de recursos a la Administración para que se descongestione y se agilicen los procesos se prefiere disponer de una amplia estructura organizativa, cuya función parece ser obstaculizar… Y sí, son las personas individuales quienes deberían dar muestras de seriedad y realmente realizar el trabajo por el que se les paga… Cuando te pagan por algo que no haces estás robando y, desgraciadamente, no se trata de casos aislados. Lo que sí es excepcional es ver a un jefe que efectivamente detenta su función y permite así que el resto del equipo pueda realizar el trabajo que le es propio. Pero esto forma, más bien parte de la ciencia ficción, en la vida cotidiana de la gran masa del funcionariado en nuestro país.
En resumidas cuentas, el sistema está lo bastante podrido para que cale en la gente la idea de que lo privado es más eficaz. Mucha gente no tiene el suficiente conocimiento de lo que ocurre en ciertas partes del mundo que se han vendido siempre como el “ideal” a alcanzar. No obstante, ahora sí los españolitos de a pie vamos a tener la ocasión de comprobar en nuestras carnes lo que implica la gestión privada de servicios básicos y, una vez descubierto esto, no va a haber quien pueda defender lo indefendible: que la gestión privada es más eficaz.
Quizás, para que se pueda generar un proceso de cambio, sea necesario descender a los infiernos… En ello estamos.
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